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UN NUEVO COMIENZO- DICIEMBRE 2015

Un nuevo comienzo por Alejandro Corchs

 

Un nuevo comienzo

por Alejandro Corchs



Tengo una nueva oportunidad. Debería decir que cada mañana, cada vez que mis párpados se abren, tengo una nueva oportunidad. Se me dan tantas oportunidades que las dejo de valorar. Cuántos trenes perdí. Cuántas ilusiones me robaron. Cuántos amores me arrancaron. Cuántos errores dejé de cometer. Cuántos sigo cometiendo. Y cuántos “cuántos” más.

Cada vez que miro hacia un nuevo comienzo, mi espejo retrovisor me llama: lo miro y agradezco. A veces con una sonrisa, a veces con tristeza, siempre reverencio todo lo que me ocurrió, porque me trajo hasta este momento. Todas las experiencias que tallaron lo que Soy. Lo que me hicieron y lo que hice, cómo me defendí y cómo se defendieron. Cómo nos encontramos y cómo nos desencontramos. “Normal” no existe: a todos nos ocurrieron cosas diferentes. Nadie fue tan desgraciado que nunca sintió alegría. Nadie fue tan feliz que nunca estuvo triste. No existe eso llamado “normal”, somos una variedad increíble de experiencias de vida. A todos nos llegó el dolor, y como no hablamos de eso, vivimos el dolor como si fuera un error. Vivimos el dolor como un tabú. Vivimos la muerte como una derrota. Estamos tan acostumbrados a que la vida nos dará una nueva oportunidad, que distraídos en el ruido de lo cotidiano, se nos pierde lo Sagrado de estar vivos.

Hoy comienza un nuevo círculo. Abro la persiana de mi cuarto y la majestuosidad de las sierras, el esplendor del monte nativo durante la primavera, el arrullo del agua que cae abundante entre las quebradas, me hacen preguntar: ¿Me merezco esto? Es curioso, antes creía que no, porque era demasiado dolor, y aunque me llevó años conquistar la revolución de mi corazón, hoy me encuentro con la invitación del no, porque mi presente es desbordante de amor.

La muerte es lo único que tenemos asegurado cuando nacemos, pero no hablamos de ella. Vivimos apurados, ansiosos por llegar a la meta, sin darnos cuenta de que la muerte es el destino. Y ni siquiera está solo al final: a todos nosotros la muerte nos acompaña a lo largo de la vida. A algunos nos arrebató seres muy queridos. Y a todos nos arrebató etapas de la vida, circunstancias, fechas, lugares, nombres, que ya no forman parte de nuestro presente. Si eso no es ir de la mano de la muerte, ¿entonces qué es?

Nuestra negación de la muerte hace que no valoremos la oportunidad que tenemos todos los días, y nos congela en las pérdidas que tuvimos. Pérdidas transformadas en traumas permanentes cuando son vividas en soledad y con la creencia de que nos ocurrió un error. Un equívoco del destino. Una falla del sistema. Un mal resultado provocado por una decisión mía, o de otro.

Nadie, ni nada, se muere por error. La muerte es algo natural, y puta madre: ¡cómo duele cuando se trata de un ser amado! Nadie nos aseguró que íbamos a llegar a viejitos. Nacemos con un propósito, y cuando lo cumplimos, morimos. Propósitos distintos, cumplidos de maneras diferentes, ésta es la ley natural. La única injusticia que existe, es la que comete cualquier persona que no sale a buscar el para qué le ocurrió lo que le ocurrió. La injusticia y el terror lo sostenemos nosotros cuando no sabemos cómo está un ser querido que se murió antes que nosotros, y nos quedamos acorralados por el miedo que nos congeló. Caminé mucho en mi vida para reencontrarme con mis muertos. La mayoría de los que están del “otro” lado, están muy bien. Lo único que les ocupa es ayudarnos a nosotros a salir de nuestro dolor. No necesito que me creas, te invito a que lo descubras por ti mismo: todo lo que nos ocurre en la vida tiene un propósito sagrado, sobre todo, los grandes dolores de nuestra vida.

Después de caminar, te das cuenta de que no se trata de ellos, se trata de nosotros, los que quedamos de “este” lado de la vida. Qué difícil es ser feliz. Qué difícil es aceptar que después de que me pasó lo que me pasó, a veces estoy bien. Qué difícil es volver a comenzar, porque cada nuevo comienzo me lleva a aquellas pérdidas que no encontré.

Hoy celebro un nuevo arranque, en este mes que comienza con la muerte, y apadrinado por mis muertos, hoy me uno de forma mensual a la familia de Sala de Espera. Familia que me recibe con amor, de “éste” y del “otro” lado. Me uno para entregar mi punto del círculo. Me uno para alentar a quien necesite encontrar. Este nuevo comienzo ya no es difícil para mí, miro por el espejo retrovisor y solo veo una gran historia de amor que me sostiene. Tampoco me cuesta aceptar que merezco el amor de mi presente, porque transpiré mucho adentro y afuera. Hoy lo difícil es dejar de hacer sacrificio y reconocer que merezco este nuevo comienzo sin postergación. Hoy me rindo al amor. Me rindo tranquilo, porque miro hacia los dos “lados” de la vida, y lo único que veo es Amor.

Con todo cariño, hasta el mes que viene.

 

 

 

Alejandro Corchs Lerena es hijo de Desaparecidos de la dictadura militar argentina, en diciembre de 1977. Gracias a un largo recorrido, hoy es Hombre Medicina, Custodio de la Sabiduría de los Pueblos Originarios de América y escritor best seller.

Es asimismo terapeuta en Tanatología y terapeuta de grupo, pareja, y familia, formado en el Centro Gestáltico de Montevideo.

Gestó en familia el nacimiento de una comunidad, hermosa reserva de flora y fauna autóctonas, integrada por familias de diferentes filosofías, que acordaron reunirse para construir un espacio que honre y respete la vida y la diversidad.

Es cofundador de Purificación, centro de crecimiento humano.

Su camino de escritor incluye “Trece Preguntas al Amor”, “El Camino a la Libertad” en coautoría con Alejandro Spangenberg, y su saga autobiográfica: El Regreso de los hijos de la Tierra, capítulo uno, El camino del Puma. Capítulo dos, La unión de la familia. Capítulo tres, Viaje al corazón. Libros editados en habla hispana. Ahora está en pleno lanzamiento de su libro: “Yo me perdoné”.

www.alejandrocorchs.com