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UN DÍA DE TRABAJO- SETIEMBRE 2016

Un día de trabajo. por Alejandro Corchs

Un día de trabajo. por Alejandro Corchs

 

La tormenta me encontró caminando junto a mi hijo mayor en la Plaza Zabala. Digo mayor porque nació primero, todavía no cumplió ocho años de vida. Estábamos disfrutando de un día de ¨trabajo con papᨠen la ciudad. Trámites, mandados, visitas a varios amigos y a alguna juguetería. Cielo gris, viento arremolinado y llovizna permanente. Tráfico tenso y caminantes cabizbajos. La alerta meteorológica dejaba de ser una discusión intelectual y pasaba a ser una exitosa predicción.

 

-El nombre de esta plaza es en honor a Mauricio Zabala, fundador de esta ciudad, Montevideo. –Le dije a Mateo, que me escuchó con atención y desencanto. No le interesaban los nombres de las plazas, y yo tampoco se lo vendí muy bien, a mí tampoco me interesaban. Sus ojos curiosos estaban dedicados a observar a las personas. Entramos en un par de tiendas, y fue notorio el acento extranjero de los vendedores. Para Mateo era normal, nosotros vivimos en las sierras de Rocha, y el comparte la escuela rural con niños ingleses, costarricenses, alemanes, vascos, húngaros, argentinos, españoles, y un puñado de uruguayos. Para mí, que siendo niño había caminado tantas veces por la ciudad vieja de la mano de mí abuelo, era una situación nueva.

 

-¿Qué será de la identidad del montevideano?- Me pregunté, y solté mi interrogante a la confianza que sentía en el corazón. – Los inmigrantes son gente buscando un lugar para vivir en paz. ¡Bienvenidos! Pensé en mi interior, y mientras paseábamos por las calles de la Ciudad Vieja, no pude dejar de imaginar a la cantidad de personas que otrora llegaron a éste mismo puerto, en busca de un sueño: un espacio para vivir en paz. Venían de otras tierras, huyendo del hambre, la guerra o soñando otra forma de vida. Sonreí al recordar lo que le hizo el status quo de aquella época a los hermanos nativos de esta tierra, y pensé que si ahora nos hicieran lo mismo a nosotros, sería simple equilibrio.

 

Pasar caminando por el mismo lugar, pero consciente de que estoy en un nuevo momento, me libera de la repetición y me abre la puerta de la oportunidad. Eso nos ocurre a los individuos y también le ocurre a los pueblos.

 

Recordé que ésta Montevideo, hace dos siglos estuvo sitiada por Artigas y su gente, que teniendo la batalla ganada, eligieron retirarse para buscar un lugar donde vivir en paz.

 

No me interesan las polémicas sobre el pasado y sus interpretaciones. Me interesa la memoria de un pueblo que reconoce que a la paz no se llega por las armas y teniendo la guerra ganada, y decide retirarse para encontrar un lugar donde construir otra manera de vivir. Me interesa la experiencia que vivieron estas praderas, viendo a criollos, afrodescendientes, zambos, mulatos, guaraníes, charrúas, minuanes, porteños, españoles y quién sabe cuántos más, conviviendo en paz. Personas de distintas razas, religiones y clases sociales, que respetaban las diferencias porque no se sentían amenazados por lo diferente. Fue un intento que no logró madurar, pero existió, y en pocos lugares sobre toda la tierra podemos decir que existió.

 

Las palabras del abuelo Lakota Wallace Black Elk son muy esclarecedoras: ¨Un pueblo solo estará en paz, si todos sus integrantes, están en paz.¨ No podemos pacificar a los demás, con sus conflictos e interrogantes, como grupo humano lo mejor que podemos hacer es construir un espacio para que se experimente el respeto a la diferencia. Eso generará una vivencia amorosa que apoyará a los que quieran a pacificarse, y a los que no: Respeto. Para ellos y para nosotros. Esto no es un conflicto montevideano, ni siquiera uruguayo o latinoamericano. Esto es la historia de la humanidad sobre la tierra, así de grande y viejo es el desafío. ¿Habrá suficiente espacio y abundancia para todos? ¿Podremos construir una forma de vida inclusiva? ¿Podremos convivir en paz? El sol y la luna salen para todos los seres vivos. La Madre Tierra dá alimentos para todos los seres vivos. Las estrellas nos contemplan a todos los seres vivos. No es cuestión de vivir en el campo o en la ciudad, es cuestión de haber encontrado mi lugar en la vida adentro. Si lo encontraste vivirás en paz, vayas a donde vayas. Si no lo encontraste, el conflicto irá contigo.

 

Paz: es saber cuál es tu lugar en la vida y ocuparlo en armonía.

 

Como dice una hermosa canción que cantamos en familia:

 

¨Amando, la vida dice que sí.

Amando, el Universo canta.

Amando, todo es ahora y aquí, por eso amando, amando ando.

Y donde quiera que voy, estoy en casa.

Y donde quiera que voy, estoy en casa.¨

 

En plena noche, conducía nuestro auto por el sinuoso camino de tierra azotado por el temporal.

 

-¿Y cómo estuvo el día en la ciudad con papá?

-A mí me gusta vivir en el campo. -Dijo Mateo mientras miraba la lluvia caer.

-A mí, y a mamá también, por eso vivimos en el campo, no porque la ciudad tenga nada de malo.

-Lo sé, prefiero salir de casa y ver animales libres, que jugar a los jueguitos.

-A tu hermano le gustan los jueguitos.

-Lo sé. Está bien para mí.

 

Con todo cariño, hasta el mes que viene,

 

 

Alejandro Corchs Lerena es hijo de Desaparecidos de la dictadura militar argentina, en diciembre de 1977. Gracias a un largo recorrido, hoy es Hombre Medicina, Custodio de la Sabiduría de los Pueblos Originarios de América y escritor best seller.

Es asimismo terapeuta en Tanatología y terapeuta de grupo, pareja, y familia, formado en el Centro Gestáltico de Montevideo.

Gestó en familia el nacimiento de una comunidad, hermosa reserva de flora y fauna autóctonas, integrada por familias de diferentes filosofías, que acordaron reunirse para construir un espacio que honre y respete la vida y la diversidad.

Es cofundador de Purificación, centro de crecimiento humano.

Su camino de escritor incluye “Trece Preguntas al Amor”, “El Camino a la Libertad” en coautoría con Alejandro Spangenberg, y su saga autobiográfica: El Regreso de los hijos de la Tierra, capítulo uno: El camino del Puma. Capítulo dos: La unión de la familia. Capítulo tres: Viaje al corazón. Libros editados en habla hispana. Ahora está en pleno lanzamiento de su libro: “Yo me perdoné”.

Todos sus libros están en formato digital en www.alejandrocorchs.com