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MILAGRO- AGOSTO 2016

Milagro, por Alejandro Corchs

 

Milagro

por Alejandro Corchs

 

Sumergido en el frío invierno, recuerdo mi historia de vida y me encuentro con un sentimiento diferente. Hace días que lo vengo rumiando, igual que un caballo mastica cuando integra algo nuevo.

Cada vez que recordaba mi pasado (la palabra “Recordar” proviene del Latín “Recordare”, y significa “volver a pasar por el corazón), me encontraba con una batalla por la sobrevivencia. Héroes, cobardes, víctimas, victimarios, y una enorme incertidumbre: “¿Lo lograré?”.

Antes, cuando miraba hacia atrás, creía que esa era solo mi historia de vida. Luego me di cuenta de que esa es la aventura de ser humano, y que no había nada de original en mí. Me refiero a que, de una manera u otra, el dolor llega a nuestras vidas y nos deja instalados en la batalla por la supervivencia, por lograr un lugar en el mundo, por expresar nuestra voz, o como se quiera denominar a la búsqueda del sentido de nuestra experiencia humana. Tenemos relatos diferentes, pero ninguno logró escapar del dolor que implicó, e implica cada día, ser humano.

Lo nuevo para mí no fue ser consciente del dolor. Como sobreviviente, honro y agradezco al dolor que me hizo quien soy. Lo nuevo para mí fue descubrir que ya no tenía preguntas por responder. Todo estaba en su lugar.

Al comienzo huí de este sentimiento: sentí que dejaba de honrar a mis seres queridos, que lo habían dado todo por mí. Después me di cuenta de que honrar a los seres que dieron todo por mí, durante las batallas de mi vida, no significaba hacer lo mismo que hicieron ellos. La mejor manera de honrar sus esfuerzos, postergaciones y sacrificios, consiste en hacerme cargo de las elecciones y los desafíos del tiempo que me toca vivir. Ni más ni menos que lo que hicieron ellos: hacerse cargo de las elecciones y desafíos de su tiempo.

Inseguro y dubitativo, comencé a instalarme en el tiempo de la paz y el merecimiento. Busqué espacio para jugar con los niños, y dejé de soñar con un futuro en paz, para dedicarme al aprendizaje de construir un presente en paz. El desafío ya no era ir hasta un lugar, sino reconocer que había llegado. Me amenazaba más el amor de los tiempos sin guerra, que los bombardeos contra la sobrevivencia. Me animé a sacarme las armaduras ante mis seres queridos, y me encontré feliz de estar tan bien rodeado. “La guerra terminó”, era mi mantra para entregarme a merecer. “¿Habrá terminado?” gritaban mis miedos para mantenerme en guardia.

Hay solo una manera de saberlo: permanecer despierto.

El dolor volvió a visitarme y, sin embargo, ya no logró sacarme de las certezas que había conquistado en mi corazón. Me dolió, y la desagradable sensación me llevó una vez más a cuestionarme. Sin embargo, a diferencia del pasado, ya no estaban las ruidosas preguntas en mi corazón. Sentí la presencia del silencio amoroso de la paz. Todo estaba en su lugar, incluído el conflicto del dolor, porque yo había llegado a mi lugar.

Miré hacia atrás.

Mi historia ya no era una guerra por la sobrevivencia. Ahora era una danza, donde cada persona mostraba el estado de su corazón en aquel entonces. Lo mostraba con sus decisiones y actitudes, lo mostraba con sus elecciones y sus temores. Algunos seguían en el mismo lugar, otros fluían con la danza de la vida.

Por este mundo ya pasaron Cristo, Buda, la Virgen María, Krishna, y un montón de santas y santos. Sin embargo el conflicto sigue albergado en el mundo, porque la naturaleza del mundo no es para que resuelvas el conflicto, sino para que descubras quién sos y para qué viniste.

Como si se hubiera caído un velo interior, sentí que los protagonistas de mi pasado celebraban el estreno de la paz. Admiré la valentía de los que fueron más allá de lo que creían posible. Tuve compasión y empatía por los que fueron vencidos por sus temores. Y me maravillé al descubrir que el triunfo siempre es nuestro. Desde este lugar, cada batalla, cada esfuerzo y cada sacrificio, tenían un solo propósito: enfrentarnos a preservar la pureza del corazón.

¡Los conflictos no eran para que yo resolviera el afuera, sino para que descubriera quién soy adentro! Rendido ante el milagro de la vida, no me sentí superior, ni especial. Me sentí agradecido por formar parte de la danza. Me reverencié ante el telar de las relaciones que nos permiten estar aquí. Me reconocí como un gran Milagro de Amor, y reconocí que eso nos ocurrió a todos. Para estar vivos hoy aquí, muchas personas entregaron su corazón, incluso muchas personas de las cuales nunca sabremos sus nombres, tuvieron que ir más allá de lo que creían que podrían ir. Milagro de amor, un amor tan humilde, puro y sereno, que no obliga a nadie a que descubra que es portador de esta magia sagrada. Tanta certeza de que no hay otro lugar a donde ir, que se nos brinda esta ilusión que llamamos Libertad. Pase lo que pase, esta llama se mantiene intacta sosteniendo la vida, por eso la llamo Milagro. Porque solo puedo agradecerla, honrarla y maravillarme ante su presencia.

Volví a mirar atrás.

En otros momentos me rebelé ante mi dolor, y esas batallas fueron las batallas correctas. No hay un solo dolor en nuestra vida que no tenga un propósito sagrado. Existe otra manera de vivir. La injusticia la hacemos nosotros cuando no nos rebelamos ante el dolor, o nos quedamos a medio camino.

Date la oportunidad de vivir en paz. El Milagro de la vida no lo necesita, pero nosotros sí.

 

Con todo cariño, hasta el mes que viene,

 

Alejandro Corchs Lerena es hijo de Desaparecidos de la dictadura militar argentina, en diciembre de 1977. Gracias a un largo recorrido, hoy es Hombre Medicina, Custodio de la Sabiduría de los Pueblos Originarios de América y escritor best seller.

Es asimismo terapeuta en Tanatología y terapeuta de grupo, pareja, y familia, formado en el Centro Gestáltico de Montevideo.

Gestó en familia el nacimiento de una comunidad, hermosa reserva de flora y fauna autóctonas, integrada por familias de diferentes filosofías, que acordaron reunirse para construir un espacio que honre y respete la vida y la diversidad.

Es cofundador de Purificación, centro de crecimiento humano.

Su camino de escritor incluye “Trece Preguntas al Amor”, “El Camino a la Libertad” en coautoría con Alejandro Spangenberg, y su saga autobiográfica: El Regreso de los hijos de la Tierra, capítulo uno: El camino del Puma. Capítulo dos: La unión de la familia. Capítulo tres: Viaje al corazón. Libros editados en habla hispana. Ahora está en pleno lanzamiento de su libro: “Yo me perdoné”.

Todos sus libros están en formato digital en www.alejandrocorchs.com