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AFINANDO EL INSTRUMENTO- NOVIEMBRE 2016

Afinando el instrumento, por Alejandro Corchs

Afinando el instrumento

por Alejandro Corchs

 

El tímido sol de primavera entra por la ventana. El sonido de los caballos comiendo pasto alrededor de casa arrulla la tarde serena. Parece que el frío retornó a su cueva. Una casa libre de niños, que visitan amigos por un rato, y yo me relajo para chequear mi interior. Luego de soltar la sobrevivencia de forma deliberada, y abrirme a la Vida, intento dejar de defenderme de lo que me ocurre y corro el riesgo de animarme a ver en cada situación una oportunidad.

Fui descubriendo los mecanismos que tiene mi cuerpo físico para bloquear, y no sentir el recorrido de ciertas emociones y sentimientos que, si los hubiera sentido en su momento, me hubieran devastado.

Corrijo: como todos los niños, comencé sintiendo esas emociones, y al ver que el afuera no se transformaba, aprendí que lo que me amenazaba era lo que sentía, y entonces mi cuerpo bloqueó esas partes para sobrevivir. Conclusión: no debo sentir ciertas emociones porque no sobreviviré.

Hoy, adulto en paz conmigo mismo, me encuentro con los bloqueos y celebro todo el recorrido que me trajo hasta aquí, e incluso me voy animando a sentir esas emociones que en otrora bloqueé y ahora me separan de mí mismo. Es fácil de describir, y difícil de experimentar.

No tengo miedo al daño que me pueda hacer el afuera. Tengo miedo a sentir el recuerdo de aquel momento. Reconozco que la tristeza es un sentimiento como cualquier otro, pero para mí, sentir tristeza es igual a animarme a sentir lo que me pasó, cuando no me pude defender y la única salida que tuve fue bloquear la tristeza, y transformarla en una amenaza devastadora. Sé que es el mecanismo que hacemos todos, cada uno con diferentes emociones. Pero saberlo y sentirlo, no son lo mismo.

Mecanismo que construye nuestra identidad sobreviviente.

Hago una pausa para salir al aire libre y me encuentro con todos los caballos comiendo pasto alrededor de casa. Reflexiono: “nuestro sistema de defensa es similar al de un caballo”. La sobrevivencia de un caballo es correr. Ante la menor duda de peligro, los caballos corren cuatrocientos o quinientos metros. Luego paran y observan si eso que se movió, era una bolsa de nylon o un puma. La sobrevivencia de los caballos es gracias a correr primero y chequear después.

Los pueblos nativos americanos observaban al resto de los seres de la naturaleza porque así aprendían a conocer más, a su entorno, y a ellos mismos. Por similitud o por diferencia, un observador atento siempre aprende.

Una diferencia entre los caballos y los seres humanos, vino a mi encuentro. Nosotros, como bebés puros, primero nos animamos a sentir, y luego bloqueamos lo que nos aniquila. Interesante diferencia. Los caballos no esperan a sentir la mordida del depredador. Primero huyen, y gracias a eso sobreviven.

En nuestra experiencia como seres humanos, primero sentimos todo, luego reconocemos lo que nos amenaza y lo bloqueamos. Al ver la profundidad de mi movimiento interior para conmigo, logro que la exigencia le ceda el paso a la empatía. Mi movimiento, y el de toda persona que quiera aprender a vivir en paz, es como si el caballo se animara a visitar otra vez al tigre que lo mordió en su infancia. Al principio visitaría al depredador enjaulado, luego atado con una cadena y al final soltaría al tigre porque ya no le tiene miedo. Un caballo no haría eso porque no está en su naturaleza. ¡Qué ironía! En esta etapa del aprendizaje de vivir en paz, un ser humano necesita hacer este movimiento para descubrir su naturaleza interior ilimitada.

Para los hindúes una emoción dura veinte minutos. ¡Pero que veinte minutos! La fantasía es que al abrir la puerta a las emociones que bloqueé, ellas saltarán sobre nosotros, como si fueran un tigre que lleva una vida enjaulado. Las personas que dicen: “El día que empiece a llorar no termino más, y por eso no lloro”, dan voz a esta creencia interior.

En mi experiencia no ocurre así, esto solo es una fantasía. Son emociones, y llegarán cuando la marea las traiga, no nos están acechando. Desde el sobreviviente se experimenta como si ellas estuvieran persiguiéndonos, pero cuando nos abrimos a sentirlas, descubrimos que ellas no tenían ninguna intención en particular. Nosotros moldeamos nuestra identidad sobreviviente, según nos defendimos de lo que sentíamos. Ellas solo son emociones. La experiencia es muy disfrutable y liberadora. Ahora puedo sentir, sin el pánico a que una emoción me destruya. En ese momento un ser humano expande su sistema de defensa, y por ende, revoluciona su identidad. Puedo sentir todos los tonos de las emociones y empezar a afinar. Como si estuviera afinando un instrumento, afino mi cuerpo para ser mejor quien soy.

Y hablando de afinar, comparto la letra de la canción que escribió Dani Black, y que interpreta junto a Milton Nascimiento, con la recomendación de darte seis minutos en youtube para disfrutar la intimidad contigo.

La risa de los niños y la corrida de los caballos anuncia el retorno de la manada, con todo cariño, hasta el mes que viene.

 

Maior. Dani Black

 

Eu sou maior do que era antes
Estou melhor do que era ontem
Eu sou filho do mistério e do silêncio
Somente o tempo vai me revelar quem sou
As cores mudam
As mudas crescem
Quando se desnudam
Quando não se esquecem
Daquelas dores que deixamos para trás
Sem saber que aquele choro valia ouro
Estamos existindo entre mistérios e silêncios
Evoluindo a cada lua a cada sol
Se era certo ou se errei
Se sou súdito se sou rei
Somente atento à voz do tempo saberei”

 

Link al clip oficial: https://www.youtube.com/watch?v=mc1ANOYexlI

 

 

Alejandro Corchs Lerena es hijo de Desaparecidos de la dictadura militar argentina, en diciembre de 1977. Gracias a un largo recorrido, hoy es Hombre Medicina, Custodio de la Sabiduría de los Pueblos Originarios de América y escritor best seller.

Es asimismo terapeuta en Tanatología y terapeuta de grupo, pareja, y familia, formado en el Centro Gestáltico de Montevideo.

Gestó en familia el nacimiento de una comunidad, hermosa reserva de flora y fauna autóctonas, integrada por familias de diferentes filosofías, que acordaron reunirse para construir un espacio que honre y respete la vida y la diversidad.

Es cofundador de Purificación, centro de crecimiento humano.

Su camino de escritor incluye “Trece Preguntas al Amor”, “El Camino a la Libertad” en coautoría con Alejandro Spangenberg, y su saga autobiográfica: El Regreso de los hijos de la Tierra, capítulo uno: El camino del Puma. Capítulo dos: La unión de la familia. Capítulo tres: Viaje al corazón. Libros editados en habla hispana. Ahora está en pleno lanzamiento de su libro: “Yo me perdoné”.

Todos sus libros están en formato digital en www.alejandrocorchs.com